Lesión de Ligamento Cruzado Anterior: Desde el diagnóstico a la recuperación

 

La última jornada de Liga BBVA nos ha dejado una mala noticia y es la lesión de Diego Alves, portero del Valencia CF, al que se le ha diagnosticado “rotura del ligamento cruzado anterior y del menisco externo de la rodilla derecha“. Sin duda esta es una lesión tediosa por varios motivos pero principalmente porque genera inestabilidad en la rodilla cuando se realizan ciertos movimientos como cambios bruscos de dirección, saltos o contacto físico y porque el tiempo de recuperación es largo, no menos de 6 meses.

 

Ya he hablado en alguna ocasión de las lesiones de LCA (Ligamento Cruzado Anterior) y ahora quiero explicar el proceso de un deportista, jugador de fútbol en este caso, desde que se le diagnostica la lesión hasta que vuelve a los terrenos de juego.

 

En primer lugar hay que destacar que el tratamiento en los deportistas de alto nivel es siempre quirúrgico.

 

Empezaré explicando brevemente qué es el LCA y y cual es su función:

 

El Ligamento Cruzado Anterior (LCA) forma parte del pivote central de la rodilla y es muy importante para la estabilidad de la misma, es un ligamento acintado, formado por dos o tres fascículos, que se dirige desde la espina tibial anterointerna hacia arriba y hacia afuera hasta insertarse en la cara más interna del cóndilo femoral externo.

 

 

La principal misión del LCA es evitar el desplazamiento hacia adelante de la tibia con respecto al fémur, por tanto su rotura va a provocar una inestabilidad anterointerna importante de la rodilla, la rodilla no será capaz de mantener la postura en aquellos deportes que conlleven gestos de cambios bruscos de dirección, saltos, contacto físico o carreras en superficies irregulares.

 

Como he explicado en otras ocasiones, el diagnóstico se hace mediante la exploración de una serie de signos clínicos que en manos de un explorador experimentado da un alto grado de fiabilidad. 

 

Algunos de los signos a los que hago referencia son:

– Hemartros (sangre en la articulación)

– Inestabilidad del LCA

– Signo de Lachmann

– Signo del Cajón anterior neutro

– Signo del Cajon Anterior en rotación externa

– Signo de jerk test

– o Signo de Pivot Shift

 

Este diagnóstico clínico o sospecha diagnóstica se confirma con la realización de la Resonancia Magnética.

 

Una vez realizadas las pruebas pertinentes se pueden diagnosticar varios tipos de lesiones de LCA, de manera que puede producirse una rotura total o una rotura parcial, en cuyo caso los tratamientos a seguir serán diferentes.

 

El tratamiento de estas lesiones en los deportistas de alto nivel es SIEMPRE quirurgico: La intervención consiste en realizar unos túneles en la tibia y el femur por los que haremos pasar el injerto que hará el papel del LCA. Básicamente es como si pusiéramos un LCA nuevo en el deportista y para ello hay diversas técnicas, todas ellas de buenos resultados.

 

 

Una vez el deportista ha sido intervenido empieza el periodo de recuperación, que dependerá también de la experiencia del cirujano y de la técnica utilizada, porque no es lo mismo que el injerto se tome de la rótula del paciente -incluyendo en el mismo una porción del tendón rotuliano-, que el injerto provenga de un banco de hueso -en cuyo caso el fragmento óseo y el tendón provienen del cadáver de un donante- o que el injerto se tome de dos músculos isquiotibiales del propio paciente.

 

En mi caso utilizo la última técnica mencionada ya que, entre otros muchos motivos, tiene siempre unos resultados excelentes para los pacientes y les permite empezar con la rehabilitación a las pocas horas de haber pasado por el quirófano. Cuando el injerto se toma de dos músculos isquiotibiales del propio paciente la rehabilitación comienza a las 24 horas de la intervención y el primer paso de la recuperación es realizar ejercicios isométricos (de tonificación suave sin resistencia) de cuádriceps, tibiales, gemelos, sóleo e isquiotibiales.

 

Así pues, los periodos de recuperación de las lesiones de LCA son los siguientes:

 

A las 24-48 horas se le añaden ejercicios de flexo-extensión de la rodilla sin resistencia, hasta donde permita el dolor y a las 48 horas comienza a andar con ayuda de bastones y ocasionalmente con la ayuda de una rodillera especial que se retira a las 3 semanas.

 

 

A las 4 semanas de la operación el paciente empieza con ejercicios de contra resistencia progresiva y ejercicios de propiocepcion. En este periodo el recorrido articular ya suele ser completo o en el peor de los casos faltan sólo 5 grados de extensión. En este momento el paciente comienza con carrera continúa y se va intensificando el trabajo de modo progresivo.

 

A las 8-10 semanas el deportista comienza a hacer ‘footing’ en el campo.

 

A las 12 semanas se puede empezar con los cambios de ritmo (progresiones) y con los cambios de dirección. Estos ejercicios se deben hacer con suavidad y de manera progresiva.

 

A partir de este momento se intensifica el trabajo muscular para poder llegar a los 6-8 meses a incorporarse a los entrenamientos con máxima carga y a la competición en plenas condiciones físicas.

 

Finalmente, es importante también revisar con frecuencia al paciente para ir animándole y reconociéndole el esfuerzo que hace a diario ya que la recuperación de este tipo de lesiones es larga y tediosa y es algo que hay que tener en cuenta sobre todo si hablamos de deportistas de alto nivel.